miércoles, 7 de marzo de 2012

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MARIPAZ VEGA E HILDA TENORIO SALVAN LA TARDE EN LA MONUMENTAL PLAZA MEXICO
Ante la escasa colaboración de la materia prima, recursos y voluntad. Ése fue el camino que tomaron ayer Maripaz Vega e Hilda Tenorio. Triunfar, de esa manera rotunda, que consagra, era imposible; sin embargo, ambas toreras patentaron que están a la altura de la Plaza México, impusieron condiciones frente a los lotes malos de San Judas Tadeo y, aun sin apéndices, firmaron una tarde destacada en la Monumental de Insurgentes, donde la yucateca Lupita López pasó apuros.

El festejo de mujeres en el coso capitalino arrancó entre muestras de cariño para las alternantes; aplausos, piropos y flores. Maripaz mostró el sitio y la seriedad de su toreo frente al que abrió festejo, un ejemplar con un punto de debilidad que rebrincaba y punteaba el engaño. Desde el saludo por verónicas, la malagueña notó las condiciones del astado y se encargó en todo momento de la brega.

Después de los puyazos reglamentarios, Hilda entró a la rivalidad en quites con ella; la de aquí por chicuelinas y la de allá por navarras. Después de brindarle la faena a su compañero Juan José Padilla, Vega se echó la muleta a la mano derecha, la corrió con temple, en trazos largos, se colocó a la mínima distancia y consintió al de San Judas de Tadeo.
No fue mejor el toro por pitón izquierdo, la malagueña dejó una estocada tendida, cuyos efectos no fueron inmediatos y escuchó palmas.

Apeló de nuevo al toreo serio en su segunda intervención. Maripaz mostró su capacidad como lidiadora, primero, en los capotazos de brega; después para someter la poco bondadosa embestida del astado en tandas breves. Rubricó la labor de torera poderosa con un abaniqueo por la cara; los aplausos la animaron a arrojar la muleta a la arena en señal de desplante. Estaba por encima de su enemigo.

Un pinchazo y un par de descabellos no le negaron a la española la salida al tercio.
Hilda llegó a La México, luego de tres meses de inactividad, quizá por ello la responsabilidad de no cobijarse tras el título de consentida del público capitalino que le jaleó las verónicas en su primer turno. Evitó que se impusiera el mal estilo de su enemigo, se propuso torear bien, con temple, esencialmente en series por pitón derecho.

Salió rebotada de la reunión al ejecutar la suerte suprema y saludó en el tercio. El par de largas cambiadas de rodillas para recibir al quinto del festejo fue la promesa para los aficionados de buscar a toda costa el triunfo.

Calentó los ánimos con su personal ejecución de las zapopinas -instrumentadas en otras tardes por El Juli y Joselito Adame- y chicuelinas ceñidas. La matadora michoacana no oficia con banderillas a consecuencia de sus lesiones con las rodillas, pero compensó por mucho a la afición al tomar la franela.

El inicio de faena fue prometedor. Puso la plaza en ebullición con un cambiado por la espalda; enseguida, corrió la mano derecha en una tanda templada, de muletazos larguísimos y alto calado en el tendido.

Parecía que Tenorio firmaba el triunfo rotundo, pero el de San Judas Tadeo se vino muy pronto a menos, no le aguantó más a la de Morelia, quien -infructuosamente- se cruzó y acortó distancias para provocar la embestida de su enemigo. Falló con el acero y dio una vuelta al ruedo.
La yucateca Lupita López se vio insegura en el ruedo.
Le sonaron algunos pitos durante la lidia del primero de su lote. Se embarulló con la capa frente al que cerró plaza, cayó en la cara, quedó a merced y libró la cornada, aunque no una segunda silbatina por la defectuosa colocación de la espada

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